Pensé qué no volvería al papel… Pasé por complicados momentos… De dulce y de agraz…
Viví un montón de situaciones con matices tan distintos en un período de tiempo tan corto. Qué la verdad, la vida siempre encuentra la forma de demostrarte, Lo errado qué puedes estar, Siempre encuentra esa forma tan sutil, y tan extravagante de reparar tu biorritmo, de remover de tus entrañas cada una de tus pestilencias… De tu dolor. De tú escoria.
Es lo típico cuándo piensas qué lo has vivido, te das cuenta qué no eres más que un pendejo ridículo con el cerebro inflado con conocimientos qué en realidad. Sabes muy poco o nada…. Y qué aunque creas qué sabes (y si qué sabes). La vida…esa vida perfecta en su creación se encarga de una u otra forma, de enseñarte… esa tangente qué tú fuiste incapaz de ver, te encarga de enrostrártela. De decirte… “Mira…. No eres perfecto…No puedes saberlo todo”.
Situación qué uno en su arrogancia, en su imbecilidad, en lo qué nos hace humanos, no la entendemos, el ser humano es el único ser qué tropieza con la misma piedra, más de una vez, pero eso también nos hace humanos, Tropezamos tanto…
Tropezamos tanto qué ya no queremos caminar después… Por qué el camino está lleno de piedras, y en nuestras mentes limitadas no se nos ocurre apartar esas piedras del camino, Nos ponemos a caminar torpemente y a tropezar con ellas. Y a medida qué caemos nos rompemos nuestros huesos, destruimos nuestros corazones y nuestras almas, ya no deseamos pararnos más. Solo mantenernos ahí.
La lucha no consiste, en quién aguanta más caminando por ese camino de Piedras… La lucha consiste en darnos cuenta, qué para disfrutar del camino esas piedras deben removerse.
¿Pero como? , Por qué así somos los humanos, Como quitar las piedras, estaba acostumbrado a ellas, estaba acostumbrado a caerme, a estar en el foso patético aquel y recibir autocompasión de personas. Estaba acostumbrado a esas cosas, remover las piedras, requiere un ESFUERZO ADICIONAL. Y se me hace más fácil caer nuevamente y qué alguien me tenga lástima. Para así levantarme….y así volver a caer.
La costumbre y el hábito son más fuertes. La humanidad está forjada en hábitos, ritos y tradiciones. Es más aceptable y común, caer y levantarse, qué aprender a no caer más. A remover las piedras. Y a apreciar el viaje. Ese largo viaje llamado vida.
En mi concepto de unicidad, he decidido apartar las piedras del camino, Sin duda no va conmigo ir con la masa, con la mayoría. Prefiero ir con la minoría. Los tipos raros, y experimentar con algo nuevo, Prefiero vivir mi vida en plenitud absoluta qué en ataduras. No me atan comodidades, ni cobardías. No tengo temor. Más que a mi mismo y temor de Dios. No tengo miedo de la muerte, de perecer mañana mismo, no tengo miedo a lo qué pase. Solo quiero vivir. Vivir cada día como si fuese el último de mi existencia. Dejar las cosas inútiles a un lado lejos de mi presencia. Alcanzar la concordancia absoluta con mi propio ser. La verdadera comunión con el padre (necios son los qué no creen en el, sal afuera, y ve un árbol, las estrellas, Imposible qué esa belleza esté allí sola)
Esas son mis directrices ahora. Y siento qué estoy cerca de lograrlo. De lograr el equilibrio. De lograr su voluntad hermosa y perfecta. Pero aún falta trabajo. Falta pulir detalles. Y allí entra el factor tiempo y aprendizaje, algunas cosas requieren más tiempo para acomodarse qué las otras. Sencillamente es eso. Pero en algún momento todas irán encauzadas…
No puedo evitarlo, estoy en una gran etapa. Me carcome la ansiedad del “qué” ocurrirá posteriormente, sea bueno o malo es un desafío, una prueba consciente a pasar, a vivir, a seguir avanzando. No es un tiempo calmo, puede qué sea un tiempo de pruebas, pero el desconocer tantas cosas es lo qué más me agrada. El haber dejado la racionalidad tantas cosas, y simplemente aceptar qué las cosas son como son. Cuándo te das cuenta de ello, Comprendes el real significado de vivir, qué no es más que alcanzar la balanza del equilibrio.