martes, 18 de agosto de 2009





La Vida te ha puesto en un callejón sin salida alguna. No tienes adónde escapar. Sólo te queda entonces sufrir. No pretendas rehuirlo. Al contrario. Busca tu dolor. Siéntelo. Masticalo, disuélvelo en tu saliva y trágalo, asimílalo, hazlo parte de ti. Siente las paredes de tu corazón desprenderse. Siente los músculos desgarrarse de tus huesos. Vive la desintegración de tu ser por el dolor. Siéntete un desecho. Un par de sandalias viejas arrojadas a la vera del camino por un caminante cansado. Una botella de alcohol arrojada a la basura por un borracho sin destino. Algo insignificante, como lo que realmente somos. Llora, blasfema a tu Dios y quema sus imágenes si es necesario. Escucha el silencio de tu soledad. Estás sólo en el mundo. Nadie podrá hacer nada por ti. Estás perdido y desvalido. Deshecho. Una vez más, desintegrado en la adversidad. Llega al fondo de tu tormento. Muere en cada célula de tu cuerpo.

Pero durante tu calvario, sólo una cosa: una fina hebra roja que recorra tu columna de principio a fin. Que algo, un mínimo de conciencia y dignidad quede encerrada en ese espacio.

Y cuando hayas tocado fondo, tu cuerpo liviano subirá a la superficie y podrás tomar aire nuevamente. Verás que los engendros crispados que viste en el camino al abismo ya no existen en tu regreso a la luz. No desesperes. Tardarás algo de tiempo en volver. Lo importante es que llegarás. Pase lo que pase, encierra en tu columna la fe en ello. Llegarás.

miércoles, 5 de agosto de 2009




Siempre se me había dicho qué cuándo uno va a misiones, el qué sale misionado es uno. Llevaba una misión en el cuerpo, pero no había conseguido llenar todas mis expectativas… Aunque a pesar de todo, cuándo volví el verano pasado de Osorno, Volví más grande de lo qué me había ido. ( y no me refiero a mi talla física jaja)

Las misiones de este año en Pemuco, fueron completamente distintas. Era llenarse de experiencias durante todo el día. Cuándo llegué allá lo primero qué me recibió fue un frío profundo, penetrante, uno qué jamás había sentido… de esos fríos qué te hacen sentir las manos como un par de espátulas. O qué este cala tan hondo en el hueso qué te duele.

La verdad es difícil de explicar la experiencia. Es difícil de explicar aquellas palabras, Uno en su casa, con su comida, sus cosas… con el cuerpo caliente, Y allá la gente prácticamente dejaba de comer, para darte de comer a ti. (Algo qué me dolió en el alma). Lo único que vi fue amor, y amor, y más amor, Día tras día. Y a pesar de todos los problemas de esas personas, de la falta de oportunidades laborales, del dinero. De qué incluso tenían qué sobrevivir con el té casi todo el día. Yo me sentí cómodo, en casa. No eché para nada de menos, ni el computador, ni a mis amistades acá. No extrañe absolutamente nada. Ojala me hubiera quedado más tiempo deseé. Siendo qué en los primeros días, lo único qué quería era largarme. Como nos cambia tanto experiencias como estás. La verdad, jamás me han gustado mucho las legumbres, y ahora cuándo mi madre las cocina, me las como en silencio, cada vez qué quiero proferir un reclamo, por haber hecho eso de almuerzo, recuerdo qué. Al menos mi panza, no estará metiendo ruido alguno, y si lo hace, es de satisfecho nada más. Oportunidades qué no todo el mundo tiene. Pero a pesar de lo qué uno quiera creer o pensar, de qué uno va a hacer trabajos por esas personas, Uno con un poco de amor, qué ellas te entreguen, se desarma completamente.

Por ejemplo, jamás fui muy dado con los niños. Y recuerdo qué allá fui uno más de ellos. Me hice amigos, inventé juegos, los extrañé. Y los seguiré extrañando siempre, al Nicolás y a la María José sobre todo. De hecho, lo sentí en el alma cuando vine. Al menos les dejé un recuerdo mío.

Estás últimas misiones, me hicieron comprender muchas cosas… Permitieron el cierre total de otros capítulos en mi vida. Qué eran ciertos. Me permitieron deshacerme finalmente de gente, qué no era ningún real aporte, y qué peor aún, impedían mi propio crecimiento mi avance, La verdad me alegró tanto de esto, soy tan feliz ahora.

Recuerdo qué tome decisiones qué me trajeron mucho dolor. Pero sabía que algún día tendría la recompensa, y qué si sigo actuando como lo he hecho hasta ahora, no hay absolutamente nada qué no pueda lograr. Encima seguiré perfeccionándome como siempre lo había deseado, y cada día seré una persona más rica y apta, para entregarle amor a los demás. Y eso, me llena, me fascina totalmente.

Y sobre todas las cosas, Tengo PAZ. Esa paz qué tanto tiempo busqué. Esa paz qué ahogase mis recuerdos, mi nostalgia, qué algunas cosas me permitiera superarlas. Y otras literalmente olvidarlas. Qué me regalase la capacidad de perdonar y seguir adelante. Qué tanto me hacía falta.


Todo se limita a esta frase.

“En las cosas necesarias, la unidad; en las dudosas, la libertad; y en todas, la caridad.”

A veces lo sé todo y otras veces no sé nada.

Desde el silencio, y meros recuerdos vanos... surges... El resto del tiempo, ni siquiera pienso en ello. no pienso en nada más que en ...