Quien camina en el desierto
aprende a extraer agua de las piedras
Yo sé de llanos y desiertos
sé de caminar sobre la arena
sé de las ignotas nubes más allá del horizonte
Del extraño silencio de los cuervos, más extraños que el viento
De los mediodías sofocantes
donde se respira el aliento de las arenas calcinantes
donde la luz del sol es el rayo de la muerte
lenta y dolorosa
Donde la atmósfera de vapores
se compenetra con los cuerpos sedientos y fatigados
y los vientos de las estepas, gimen el nombre del olvido
Sé de caer al vacío, sin otro consuelo que el mismo precipicio
Supe de mitos ancestrales,
Los fabulosos dragones depositaron en mí
las salamandras del fuego
Me forjé ante las visiones
de la tierra prometida
tierra donde mana leche y miel
y de los profetas condenados
por las multitudes
y de las ciegas multitudes
venerando al barro de los dioses
rindiéndole culto al pasado
Conozco el misterio que se esconde
detrás del espejismo
del espejo de ilusiones
que es la vida
de la vida de ilusiones de las gentes
que ignoran la realidad del desierto
Supe de montañas lejanas
donde el águila reina
soberana
sobre el sacro firmamento
donde las praderas se arrodillan
ante los viajeros
y los cristales del lago
sonríen al caminante extraviado
reflejando en la alborada
la luz de los corazones
Oí por las noches
la secreta voz de los fantasmas
el llanto sepulcral de los muertos vivos
de los errantes sin tumba
de las noches ciegas
Sé de todo esto y mucho más
Las cenizas del tiempo reflejan
en mis huellas
la palidez del camino...