Qué fácil es apuntar con el dedo..
Qué sencillo resulta criticar los defectos de los demás.
¿por qué no tenemos esa gentileza con nuestra propia vida
primero?
Nunca pensamos en el dolor o daño qué causamos a nuestros
queridos, o al menos no tenemos
conciencia de nuestras palabras, Cuándo normalmente las palabras son más
fuertes qué el filo de una espada, cortando la carne.
En oriente, en proceso de meditación todo esto se realizaba
en silencio, y es verdad... A veces las palabras sobran , o carecen de
significado, quizás las miradas o el lenguaje corporal, sean más precisos y un
mejor indicativo, qué hablar, sobre todo para decir cosas, cosas qué ni
siquiera queremos saber, Cosas qué provienen de fuentes .... qué sinceramente
no tienen ningún derecho a decirte absolutamente nada. Qué hablasen como te
conocieran, cuándo nadie te conocerá jamás, más qué tú mismo, ellos pueden
tener una idea, de lo qué has vivido, olido o sentido, pueden tener una idea...
remota, ínfima , vaga...Pero jamás lo sabrán, por qué la experiencia es
personal, única, e intransferible...
Sinceramente agradezco a la vida, el saneamiento qué me ha
dado, la capacidad de darme cuenta, qué a veces más qué callar. o nada qué
decir. Es mejor dar vuelta la página rápidamente, y atrapar a esa persona, en
un abrazo pronunciado y sincero. Más qué cualquier palabra déspota o sin
sentido. Más qué continuar en un camino contencioso.
Las palabras son como una espada de doble filo, pueden defender
y salvar, pero también pueden herir y magullar, Y normalmente cuándo hiere, son
heridas qué quizás jamás sanen....
Por eso el portador de una espada, normalmente solo la
utiliza como último recurso. A aquellos contenciosos, qué gustan desenvainar
ante la menor provocación, normalmente les espera una muerte dolorosa.
