
Siempre se me había dicho qué cuándo uno va a misiones, el qué sale misionado es uno. Llevaba una misión en el cuerpo, pero no había conseguido llenar todas mis expectativas… Aunque a pesar de todo, cuándo volví el verano pasado de Osorno, Volví más grande de lo qué me había ido. ( y no me refiero a mi talla física jaja)
Las misiones de este año en Pemuco, fueron completamente distintas. Era llenarse de experiencias durante todo el día. Cuándo llegué allá lo primero qué me recibió fue un frío profundo, penetrante, uno qué jamás había sentido… de esos fríos qué te hacen sentir las manos como un par de espátulas. O qué este cala tan hondo en el hueso qué te duele.
La verdad es difícil de explicar la experiencia. Es difícil de explicar aquellas palabras, Uno en su casa, con su comida, sus cosas… con el cuerpo caliente, Y allá la gente prácticamente dejaba de comer, para darte de comer a ti. (Algo qué me dolió en el alma). Lo único que vi fue amor, y amor, y más amor, Día tras día. Y a pesar de todos los problemas de esas personas, de la falta de oportunidades laborales, del dinero. De qué incluso tenían qué sobrevivir con el té casi todo el día. Yo me sentí cómodo, en casa. No eché para nada de menos, ni el computador, ni a mis amistades acá. No extrañe absolutamente nada. Ojala me hubiera quedado más tiempo deseé. Siendo qué en los primeros días, lo único qué quería era largarme. Como nos cambia tanto experiencias como estás. La verdad, jamás me han gustado mucho las legumbres, y ahora cuándo mi madre las cocina, me las como en silencio, cada vez qué quiero proferir un reclamo, por haber hecho eso de almuerzo, recuerdo qué. Al menos mi panza, no estará metiendo ruido alguno, y si lo hace, es de satisfecho nada más. Oportunidades qué no todo el mundo tiene. Pero a pesar de lo qué uno quiera creer o pensar, de qué uno va a hacer trabajos por esas personas, Uno con un poco de amor, qué ellas te entreguen, se desarma completamente.
Por ejemplo, jamás fui muy dado con los niños. Y recuerdo qué allá fui uno más de ellos. Me hice amigos, inventé juegos, los extrañé. Y los seguiré extrañando siempre, al Nicolás y a la María José sobre todo. De hecho, lo sentí en el alma cuando vine. Al menos les dejé un recuerdo mío.
Estás últimas misiones, me hicieron comprender muchas cosas… Permitieron el cierre total de otros capítulos en mi vida. Qué eran ciertos. Me permitieron deshacerme finalmente de gente, qué no era ningún real aporte, y qué peor aún, impedían mi propio crecimiento mi avance, La verdad me alegró tanto de esto, soy tan feliz ahora.
Recuerdo qué tome decisiones qué me trajeron mucho dolor. Pero sabía que algún día tendría la recompensa, y qué si sigo actuando como lo he hecho hasta ahora, no hay absolutamente nada qué no pueda lograr. Encima seguiré perfeccionándome como siempre lo había deseado, y cada día seré una persona más rica y apta, para entregarle amor a los demás. Y eso, me llena, me fascina totalmente.
Y sobre todas las cosas, Tengo PAZ. Esa paz qué tanto tiempo busqué. Esa paz qué ahogase mis recuerdos, mi nostalgia, qué algunas cosas me permitiera superarlas. Y otras literalmente olvidarlas. Qué me regalase la capacidad de perdonar y seguir adelante. Qué tanto me hacía falta.
Todo se limita a esta frase.
“En las cosas necesarias, la unidad; en las dudosas, la libertad; y en todas, la caridad.”
Al fin puedes decir ke misiones no es tan solo ir de viaje x $10.000, que no es misas, retiros u oraciones todo el día =)
ResponderEliminarSiento ke un cambio en tí,que va ir de a poco puliendote y ke veremos a otro Americo, ke no es el Americo ke se centraba en él solamente. Ojalá ke el "efecto misiones" te dure y ke no sea una cuestión de un mes.
Saludos hermano mío
Te adoro !