miércoles, 21 de abril de 2010



Quien camina en el desierto

aprende a extraer agua de las piedras

Yo sé de llanos y desiertos

sé de caminar sobre la arena

sé de las ignotas nubes más allá del horizonte

Del extraño silencio de los cuervos, más extraños que el viento

De los mediodías sofocantes

donde se respira el aliento de las arenas calcinantes

donde la luz del sol es el rayo de la muerte

lenta y dolorosa

Donde la atmósfera de vapores

se compenetra con los cuerpos sedientos y fatigados

y los vientos de las estepas, gimen el nombre del olvido

Sé de caer al vacío, sin otro consuelo que el mismo precipicio

Supe de mitos ancestrales,

Los fabulosos dragones depositaron en mí

las salamandras del fuego

Me forjé ante las visiones

de la tierra prometida

tierra donde mana leche y miel

y de los profetas condenados

por las multitudes

y de las ciegas multitudes

venerando al barro de los dioses

rindiéndole culto al pasado

Conozco el misterio que se esconde

detrás del espejismo

del espejo de ilusiones

que es la vida

de la vida de ilusiones de las gentes

que ignoran la realidad del desierto

Supe de montañas lejanas

donde el águila reina

soberana

sobre el sacro firmamento

donde las praderas se arrodillan

ante los viajeros

y los cristales del lago

sonríen al caminante extraviado

reflejando en la alborada

la luz de los corazones

Oí por las noches

la secreta voz de los fantasmas

el llanto sepulcral de los muertos vivos

de los errantes sin tumba

de las noches ciegas

Sé de todo esto y mucho más

Las cenizas del tiempo reflejan

en mis huellas

la palidez del camino...


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