jueves, 17 de julio de 2014


El viento golpea mi cara impasiblemente.
Mis huesos se rompen, siento hacerse añicos todo mi ser...
El dolor se me hace insoportable, insoportablemente vivo
el fuego abrasa mi piel, mi rostro arde...
siento un aroma a carne quemada, mi propio aroma.
el olor es tan vomitivo, qué no me deja caer inconsciente.
Quisiera abrazar el olvido,  lo qué sea para escapar de esto, pero hoy el olvido está vetado para mí... y este cierra sobre mi, sus puertas.
Con mis alas desprenderse, siento como me abandona mi último rasgo de conexión con mi Gracia. Con la paz. Ahora todo es confuso.
Ya no escucho la voz de mi padre, ni la de mis hermanos. 
Todo lo qué siento es desesperación
Quisiera odiarlo, y dejarme consumir... creer que ya nada queda de mí
Pero en medio de todo ese crujir de huesos y piel desgarrada.

De recuerdos de conquistas y glorias pasadas
De esperanzas rotas, de deseos inconfesables...
De muerte y desolación.
Algo arde...
Arde con tanta fuerza, qué opaca al dolor qué siento.
Qué me mantiene consciente y despierto.
El dolor da paso a la determinación. Me doy cuenta qué mi cuerpo permanece junto a mí
En un esfuerzo extraordinario... Logro empuñar mi mano. 
Sonrío tontamente.
"Aún no me has abandonado".

Y es justo en ese momento, cuándo millones de voces qué me juzgaban callan.
Lentamente abro mis ojos.
Una voz qué jamás había oído. pero qué identifico como propia resuena como un trueno en toda mi alma...

¡DESPIERTA! 


Somos nosotros mismos quiénes truncamos y destruimos nuestro propio paraíso.

Lo destruimos por qué caemos en el hedonismo...
Vamos confundiendo poco a poco nuestro ser en la mentira del orgullo, el engaño de la vanidad, y en el error de la autocomplacencia... Y dejamos de SER simplemente.

De ser nosotros mismos. 

Olvidamos qué en alguna ocasión descendimos a los abismos por nuestra propia voluntad.
Olvidamos qué a los qué quisieron sentarse y esperar en la calzada. Los provocamos a seguirnos, ya sea extendiendoles nuestras manos, para qué se levantaran, o por puro coraje.
Olvidamos qué despreciabamos qué nos adorasen, Solo queríamos a un igual con quién compartir.

Eramos inalcanzables por qué nuestras metas siempre fueron imposibles. Y siempre fuimos unos locos qué perseguimos esas metas toda la vida. Quizás nunca las alcanzaríamos. Pero alcanzaríamos tal nivel de maestría. Qué nos haría ver como algo "fuera de este mundo al resto".

El "a mi obra y semejanza" no fue meramente puras palabras...
Siempre hemos tenido el libre albedrío y el poder de lograr lo qué se nos pusiera por delante. Lo único qué se nos pide a cambio, es entregarnos en cuerpo y alma. lo cuál es lógico. nada resultaría si no nos entregasemos en cuerpo y alma a esa tarea...

Olvidamos tratar de ser Dioses. y nos conformamos con ser hombres...

¿Pero para qué caemos?
Para que podamos aprender a levantarnos.



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